Por las venas de la población de Aguasay, en el estado Monagas, no solo corre agua dulce. Corre la fibra de la curagua, planta de la familia de las bromelias (Ananas erectifolius) originaria de la Amazonía y famosa por sus largas y resistentes fibras blancas.
También recorre la historia de sus pueblos originarios y el frescor de un río que hoy es el epicentro turístico de la región. Bienvenidos a una tierra mágica que se redescubre ante el mundo.
Desde el oeste. Llegar a la Tierra de la Curagua desde Maturín es el primer paso de la aventura. El viajero tiene dos opciones ideales: la comodidad de los carros por puestos que salen desde la Cooperativa Curaguasay o la experiencia tradicional en los autobuses que parten desde el terminal interurbano de Maturín. El trayecto es una postal en movimiento. Al llegar al icónico monumento de la Virgen, se cruza a la izquierda para dejar atrás a Santa Bárbara y adentrarse formalmente en el municipio Aguasay.
Si viajas en autobús, tu punto de llegada será la entrada del pueblo (su parada oficial). Si optas por el “carrito”, tendrás la ventaja de elegir dónde bajarte; sin embargo, el verdadero viaje comienza donde los anfitriones te esperan con los brazos abiertos: la emblemática plaza Bolívar.
Ruta ancestral. Desde aquí, el cuerpo de guías locales toma el liderato para iniciar un recorrido que fusiona fe, historia, naturaleza y raíces indígenas. Para vivirlo al máximo, la regla es clara: ropa cómoda, calzado deportivo y una buena hidratación.
El primer punto es la plaza Bolívar: el corazón geográfico y civil. No es solo el centro del mapa, es el alma sociocultural de Aguasay. Actuando hoy como la estación matriz y punto de bienvenida para los turistas, esta plaza enlaza la solemnidad cívica con la identidad del pueblo. A su alrededor convergen el poder local con la espiritualidad, dos elementos que sirven de antesala perfecta para el casco histórico central.

El segundo punto es la iglesia San José; pilar de fe y arquitectura. Está ubicada frente a la plaza. Este templo católico es el más importante del municipio y un pilar de su identidad espiritual. Su estructura imponente y armónica destaca por sus puertas de madera de líneas clásicas y relieves geométricos.
Su torre campanario no solo resguarda las campanas que marcan el ritmo del pueblo, sino que se alza como el punto de referencia visual más icónico, visible desde casi cualquier acceso a la localidad. En su altar mayor, la venerada imagen de San José custodia la fe de sus habitantes.
El tercer punto es el minimuseo Las locuras de Luis Bastardo. Es una parada obligatoria y fascinante. Este rincón es un viaje a la curiosidad popular, donde se consigue “de todo un poco”. Es el reflejo del ingenio local y una pausa perfecta para dejarse sorprender por la creatividad aguasayera.
El cuarto punto es el Mural del Parque Ferial. Una explosión de color que detiene el tiempo. Este mural es un homenaje visual a las tradiciones del municipio. El espacio perfecto para la fotografía del recuerdo y para entender la identidad local a través del arte urbano.

Llegamos al quinto punto: la comunidad indígena El Guamo y sembradíos de curagua. Es el núcleo de la identidad. Aquí el viaje se vuelve místico al entrar en contacto con las comunidades originarias. Los turistas pueden presenciar los sembradíos de curagua, la planta ancestral cuya fibra, declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, es tejida con maestría por las manos artesanales de la región.
En el sexto punto, está la quebrada Bajos de Güili: un oasis ancestral. Escondida en una zona rural protegida por la comunidad indígena, esta quebrada es un ecosistema vital de corrientes de agua dulce, riachuelos y manantiales puros. Sus arenas arcillosas y su entorno virgen vinculan al visitante de manera directa con la naturaleza más profunda y ancestral de la zona.
Otras opciones. El balneario El Cari es el nuevo motor turístico de Monagas.
Ubicado estratégicamente antes de llegar al pueblo, el río Cari es, sin duda, la joya de la corona. Recientemente nombrado Capital Turística de Monagas por el Ministerio del Poder Popular para el Turismo, este espacio se consolida como un motor de desarrollo económico y preservación ambiental.
Rodeado de una vegetación típica de bosques y sabanas abiertas, este paraíso de aguas continentales y corrientes mansas es perfecto para el esparcimiento familiar y el turismo de naturaleza. Aunque su paisaje invita a la paz durante todo el año, el Cari se transforma en una fiesta de alta afluencia durante Carnaval, Semana Santa y las vacaciones escolares, épocas en las que tradicionalmente la alcaldía organiza los festivales playeros y las actividades recreativas.
Aguasay no solo se visita; se vive. Desde el crujido de la curagua hasta el frescor del río Cari, este rincón de Monagas está listo para mostrarle al mundo que el turismo consciente, cultural y de naturaleza sí existe.

POR: UN
