Un venezolano deportado a Liberia relató a CBS News la angustia que atraviesa tras ser expulsado de Estados Unidos, país donde asegura que trabajaba largas jornadas y no tenía antecedentes penales.
bitacora58.com
El hombre explicó que llevaba una vida dedicada al trabajo y que, según su testimonio, nunca había cometido un delito. «No tengo antecedentes penales, no he cometido ningún delito, ni siquiera una infracción de tránsito», afirmó al medio estadounidense.
Su rutina, dijo, comenzaba a las 9 de la mañana en un concesionario de vehículos y continuaba hasta la medianoche realizando entregas para Uber Eats. Una jornada de trabajo extensa con la que buscaba sostener a su familia y construir una vida en Estados Unidos.
Pero detrás de la deportación hay una situación personal que, según su relato, resulta todavía más dolorosa. El venezolano aseguró que no ha podido conocer personalmente a su hijo, que apenas tiene cinco meses de nacido.
«No he podido conocer a mi hijo de 5 meses», contó con evidente preocupación:
La historia expone así una de las caras más duras de las actuales políticas migratorias estadounidenses, donde las decisiones de expulsión no solo afectan la situación legal de los migrantes, sino que también pueden terminar separando a padres de hijos recién nacidos y quebrando proyectos familiares construidos durante años.
Para este venezolano, la deportación no representa únicamente abandonar el país donde trabajaba. También significa enfrentar la distancia de un bebé al que todavía no ha podido abrazar.
Su testimonio pone nuevamente sobre la mesa el drama de miles de migrantes que, mientras intentan regularizar su situación y salir adelante mediante el trabajo, terminan enfrentando procesos migratorios que pueden cambiar sus vidas de un momento a otro.
