Caracas, Venezuela. La cadena del mando militar venezolano ha alcanzado un punto de saturación. Un caso claro es el del General de Brigada Joel Antonio Alayón Poveda. Tras su ascensión, Poveda fue enviado a una oficina dentro de la Academia Militar del Ejército a la orden de otro General de Brigada, duplicando jerarquías en dependencias administrativas.
Esta acumulación de piezas de altos y medianos rangos ya no responde a necesidades estratégicas, sino a lealtades políticas y reservas frente a un levantamiento social.
Lealtad política por encima de la meritocracia
El problema no reside únicamente en la subutilización de plazas, sino en la estrecha red de favoritismo que controla las instituciones de formación militar. Informes e investigaciones revelan cómo las relaciones personales han desplazado la meritocracia en la Fuerza Armada Nacional (FANB).
Por ejemplo, el actual director de la Academia Militar del Ejército, el General Lansford Castillo López, fue durante años ayudante personal de Diosdado Cabello. Reportes denuncian que realizó gran parte de su capacitación y promociones sin cumplir la presencialidad ni las exigencias tácticas regulares. En su lugar, se emitían órdenes institucionales para adjudicarle aprobaciones administrativas gracias a su cercanía con las cúpulas del chavismo.
Blindaje represor frente a un levantamiento social
La paulatina inflación institucional de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) responde a una calculada estrategia de supervivencia política. Al inflar el alto mando, el régimen logra dos objetivos clave:
- Prevenir alzamientos internos: Se disuelve el poder de las unidades de combate al dividir el mando entre múltiples oficiales, quienes rigen en las sombras.
- Crear una reserva de contención: Se establece un colchón de altos oficiales dependientes del sistema corporativo de privilegios, cuyo único incentivo es evitar la caída del ejecutivo o reemplazar a desertores.
Además, paralelamente se crean nuevas plazas en los puestos más bajos (los que reprimen en las calles). Estos cadetes y nuevos reclutas no son instruidos para la soberanía nacional, sino moldeados bajo una visión represiva que prioriza contener las protestas populares; garantizando que el reclutamiento juvenil alimente la maquinaria de represión en las calles.
Con información de DEFENSA, IVAN SIMONOVIS Y MAIBORT PETIT.
Redacción BITACORA58.
