En la Venezuela de Delcy Eloína Rodríguez parece que las sanciones de Washington dejaron de ser una vergüenza y se convirtieron en una especie de medalla al mérito.
Ascensos con sabor a sanción Delcy premia a los generales que Washington castiga.
Mientras Estados Unidos señala a militares venezolanos por presunta represión, torturas y abusos contra detenidos, el régimen de la presidenta encargada decidió hacer lo contrario: ascenderlos.
Así, en la tanda de promociones militares de julio de 2026, 50 oficiales de la Guardia Nacional Bolivariana subieron de grado, entre ellos 23 Generales de División y 27 Generales de Brigada. En total, fueron 168 generales y almirantes promovidos dentro de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana.

Pero lo verdaderamente llamativo es quiénes aparecen en la nueva cúpula militar. Varios de los oficiales favorecidos por Delcy Rodríguez ya habían sido sancionados por Washington por su presunta responsabilidad en actos de represión y tortura. Es decir, mientras Estados Unidos les cierra las puertas, el poder en Caracas les abre las puertas del generalato.
Y como si eso fuera poco, la propia promoción militar colocó en el primer lugar del orden de mérito a un general señalado formalmente por maltrato de detenidos bajo su mando. Una curiosa forma de entender la meritocracia, cuanto más cuestionamientos, más posibilidades de ascender.
El mensaje político parece difícil de ignorar. En un momento en que la legitimidad constitucional de la encargaduría presidencial de Delcy Rodríguez es cuestionada por analistas y organizaciones defensoras de la democracia, la presidenta encargada apuesta por fortalecer precisamente el sector que históricamente ha servido como principal sostén del poder chavista, la cúpula militar.
La Constitución establece un límite de 180 días para una encargaduría presidencial. Según análisis realizados por el abogado Alí Daniels, el politólogo Nicmer Evans, el analista Joel García y la organización CEPAZ, ese plazo se habría cumplido el 3 de julio de 2026, tras la juramentación de Rodríguez el 5 de enero.
Sin embargo, tres semanas después de ese supuesto vencimiento constitucional, Delcy Rodríguez continuó firmando ascensos y colocando generales en posiciones clave.
Y aquí aparece la ironía que muchos venezolanos no pueden dejar pasar. Washington sanciona a los militares por represión y el poder en Caracas los asciende. Washington los señala y el régimen los premia. Washington les bloquea el camino y Delcy les abre una escalera hacia el generalato.
La historia parece repetirse con otro nombre y otro rostro. Nicolás Maduro utilizó durante años la lealtad militar como muro de contención frente a la presión política y social. Ahora, la administración de Delcy Rodríguez parece recurrir a la misma fórmula: mientras más frágil luce el poder, más necesario resulta tener a los generales alineados.
Porque en la Venezuela del chavismo, las sanciones internacionales aparentemente no siempre destruyen una carrera militar. A veces, desde Caracas, parecen convertirla en una promoción.
