Entre el ruido de los motores y el trabajo cotidiano, hoy se vivió una escena que estremeció corazones. Un total de 96 urnas infantiles fueron enviadas en dos camiones, cada uno transportando 48 urnas destinadas a dar el último adiós a decenas de niños que perdieron la vida.
Detrás de cada urna hay una historia que quedó incompleta, una sonrisa que se apagó demasiado pronto y una familia que enfrenta uno de los dolores más profundos que puede experimentar un ser humano: la pérdida de un hijo.
Representantes de Carpintería Uzcanga señalaron que esta es una de las labores más difíciles que han tenido que realizar. Mientras coordinaban el envío, el sentimiento predominante era la tristeza y la solidaridad con las familias afectadas.
Las urnas serán recibidas por las personas encargadas de su distribución, con el propósito de brindar apoyo a quienes atraviesan estos momentos de duelo.
«Esta es la parte más dolorosa de nuestro trabajo. Ninguna familia debería despedir a un niño. Hoy enviamos estas urnas con respeto, amor y la esperanza de que Dios dé fortaleza a cada madre, padre y ser querido que enfrenta esta tragedia», expresaron integrantes del equipo.
La imagen de decenas de urnas blancas alineadas para su traslado se convierte en un recordatorio de la fragilidad de la vida y del inmenso vacío que deja la partida de un pequeño.
Desde Carpintería Uzcanga enviaron un mensaje de condolencias y bendiciones para todas las familias afectadas, elevando una oración por cada uno de estos angelitos que hoy descansan en paz.
