Helicópteros de EEUU sobre Caracas y un chavismo mudo que ya no puede esconder sus pactos.
Después del polémico operativo militar estadounidense ejecutado en Caracas con autorización directa del interinato encabezado por Delcy Rodríguez, el silencio dentro del chavismo comienza a retumbar más fuerte que los propios motores de los Osprey que sobrevolaron la capital venezolana.
Ni Delcy Rodríguez, ni Jorge Rodríguez, ni Diosdado Cabello han explicado qué se negoció realmente durante las reuniones sostenidas con el jefe del Comando Sur de Estados Unidos, el general Francis Donovan, quien llegó a Caracas a bordo de aeronaves militares estadounidenses mientras tropas extranjeras realizaban ejercicios en pleno corazón del país.
El operativo incluyó sobrevuelos militares sobre Caracas, despliegue de efectivos armados y la movilización de aeronaves MV 22B Osprey provenientes del USS Iwo Jima hacia la embajada estadounidense. Las imágenes dejaron atónitos incluso a muchos venezolanos que crecieron escuchando durante años el discurso antiimperialista del chavismo.
Lo más impactante no fue solamente la presencia militar extranjera. Lo verdaderamente demoledor fue que todo ocurrió con autorización del propio chavismo. El mismo aparato político que durante décadas convirtió la confrontación con Washington en bandera ideológica ahora guarda silencio absoluto mientras militares estadounidenses operan en Caracas sin resistencia alguna.
El Comando Sur confirmó públicamente que Donovan sostuvo encuentros bilaterales con altos funcionarios del régimen y supervisó personalmente el ejercicio militar realizado dentro de la embajada de Estados Unidos. Sin embargo, desde Miraflores no existe hasta ahora una explicación clara sobre los acuerdos alcanzados, ni sobre los compromisos asumidos entre Washington y la nueva cúpula chavista.
Mientras sectores radicales del chavismo intentaban denunciar en redes sociales una supuesta “injerencia extranjera”, el verdadero poder permanecía callado. Ese contraste terminó dejando al descubierto la fractura interna de un movimiento que ya ni siquiera puede sostener el relato revolucionario que utilizó durante años para justificar la destrucción de Venezuela.
Porque esa es la tragedia de fondo. Un país arruinado por décadas de chavismo, saqueado por la corrupción, golpeado por la pobreza y convertido en tierra de miedo y migración masiva, ahora observa cómo quienes prometieron defender la soberanía terminan negociando su propia supervivencia política detrás de puertas cerradas.
Las imágenes de helicópteros estadounidenses sobre Caracas destruyeron en cuestión de horas años enteros de propaganda chavista. Lo que antes era presentado como una “revolución antiimperialista” hoy parece reducido a acuerdos pragmáticos para conservar cuotas de poder mientras la población sigue atrapada entre apagones, miseria y desesperanza.
Y quizás por eso nadie habla. Porque cualquier explicación abriría preguntas demasiado incómodas para el chavismo duro. Quién autorizó realmente el operativo. Qué exigió Washington. Qué garantías ofreció Delcy Rodríguez. Y hasta dónde llega ahora la influencia estadounidense sobre Miraflores.
Mientras tanto, Venezuela sigue hundida en el abandono. No hubo cadenas nacionales. No hubo amenazas contra el “imperio”. No hubo discursos encendidos sobre soberanía. Solo silencio.
Un silencio que para muchos venezolanos ya no parece casualidad sino confesión.
