En la Venezuela destruida por más de dos décadas de chavismo, donde la corrupción se convirtió en política de Estado y la propaganda reemplazó a la verdad, ahora ocurre algo todavía más revelador que los discursos encendidos de Nicolás Maduro o las cadenas vacías de la maquinaria oficialista. El régimen comenzó a borrar sus propias huellas.
La recaptura de Alex Saab desató una operación desesperada de “borrón y cuenta nueva” encabezada por la propia Delcy Rodríguez y los operadores mediáticos que durante años vendieron al empresario colombiano como un “héroe diplomático” del chavismo. Hoy, los mismos que lo defendían con fanatismo eliminan publicaciones, discursos y videos para intentar esconder la relación íntima que tuvieron con quien fue señalado internacionalmente como operador financiero y presunto testaferro del poder rojo.
Delcy Rodríguez, ahora convertida en figura central del interinato chavista tras el colapso interno del madurismo, borró mensajes donde celebraba el indulto de Saab y agradecía las gestiones de Jorge Rodríguez para traerlo de regreso a Venezuela. En aquel entonces hablaban de “victoria diplomática”, de “persecución imperial” y hasta de “violaciones de derechos humanos”. Hoy, en silencio, pretenden actuar como si nunca hubieran levantado aquella campaña obscena financiada con recursos públicos mientras millones de venezolanos sobrevivían entre apagones, hospitales destruidos y salarios miserables.

Pedro Karvajalino y otros propagandistas del aparato chavista también comenzaron a eliminar videos y publicaciones vinculadas a Saab. El mismo sistema que durante años exigía “Libertad para Alex Saab” ahora intenta sepultar toda evidencia digital para protegerse políticamente del escándalo. Pero internet no olvida y mucho menos un país que ha sufrido demasiado.

Lo más impactante no es solamente el cinismo. Es la velocidad con la que el chavismo abandona a sus propios aliados cuando dejan de ser útiles. Saab pasó de ser “diplomático”, “ministro” y “héroe de la revolución” a convertirse en una carga incómoda que Delcy Rodríguez entregó sin contemplaciones. La misma estructura que lo recibió con abrazos en Miraflores terminó facilitando su caída para intentar salvarse a sí misma.
Esta escena retrata perfectamente la tragedia venezolana. Un país arruinado por una cúpula que destruyó instituciones, persiguió periodistas, pulverizó la economía y convirtió la mentira en política oficial. Mientras millones de venezolanos tuvieron que emigrar para sobrevivir, la élite chavista construyó redes de poder alrededor de operadores financieros como Alex Saab, presentándolos como patriotas cuando en realidad representaban el corazón oscuro de un sistema corroído por negocios opacos y privilegios.
Ahora, con Delcy Rodríguez intentando maquillar el desastre y reorganizar el poder interno, el chavismo busca imponer otra versión de los hechos. Pero la memoria de Venezuela no puede borrarse con un clic. Cada tuit eliminado, cada video desaparecido y cada discurso escondido confirma algo mucho más profundo y peligroso: quienes destruyeron el país también quieren destruir la memoria de lo ocurrido.
Y cuando un régimen necesita borrar el pasado para sostenerse en el presente, es porque el miedo ya comenzó a devorarlo desde adentro.
