La periodista Sebastiana Barráez volvió a poner el foco sobre una de las zonas más oscuras y temidas de Venezuela. Según información extraoficial, funcionarios del SEBIN se habrían llevado desde el hato Merecure, en Apure, al exmagistrado Francisco Ramón Velásquez Estévez, en un episodio que vuelve a sacudir las entrañas de un país devorado por la corrupción, el miedo y las mafias enquistadas en el poder.
La denuncia toma fuerza porque el nombre del hato Merecure no aparece por primera vez rodeado de escándalos. Diversos reportes periodísticos y denuncias locales han señalado durante años presuntas operaciones irregulares, amenazas, presencia de grupos armados y supuestos vínculos con redes del narcotráfico en esa región fronteriza donde el Estado venezolano parece haber desaparecido hace mucho tiempo.

Ahora, el elemento que eleva aún más la tensión es la versión según la cual el exmagistrado presuntamente habría estado involucrado en una negociación con individuos vinculados a un cartel mexicano. Aunque hasta el momento no existe confirmación oficial ni detalles públicos sobre el operativo, el silencio de las instituciones venezolanas solo alimenta las sospechas en un país donde las desapariciones, las detenciones opacas y los ajustes internos del poder se han convertido en parte de la rutina nacional.
Apure dejó hace tiempo de ser solamente tierra de ganado y llaneros. Bajo el chavismo se transformó en territorio de guerrilla, narcotráfico, militares corruptos y estructuras criminales protegidas por el miedo. Las historias que emergen desde esa frontera parecen sacadas de una novela negra, pero son la tragedia diaria de miles de venezolanos abandonados por un sistema que destruyó las instituciones y convirtió la justicia en un arma política.
Mientras el país se hunde entre apagones, pobreza y migración masiva, el poder chavista sigue mostrando su verdadero rostro. Hoy, bajo el interinato de Delcy Rodríguez en las riendas del aparato político y económico del régimen, Venezuela parece avanzar todavía más hacia una estructura donde el silencio vale más que la ley y donde cualquiera puede desaparecer de un momento a otro sin explicación alguna.
Lo más doloroso es que el venezolano común ya casi no se sorprende. La normalización del horror es quizás la victoria más cruel del chavismo. Un país entero acostumbrado a escuchar sobre secuestros, presos políticos, narcotráfico y operaciones oscuras mientras intenta sobrevivir entre salarios miserables y promesas vacías.
Y en medio de ese paisaje devastado, Apure vuelve a convertirse en símbolo de una Venezuela rota, donde los rumores pesan más que la justicia y donde el miedo sigue gobernando los llanos.
