El anuncio del presidente (e) del Banco Central de Venezuela, Luis Alberto Pérez González, sobre la designación de Calixto Ortega Sánchez como gobernador ante el Fondo Monetario Internacional ha sido presentado como un “avance histórico” por la administración de Delcy Rodríguez. Sin embargo, más allá del discurso oficial, el movimiento deja abiertas preguntas incómodas sobre la verdadera profundidad del cambio económico en el país.
El Gobierno celebra la recuperación del derecho a voz y voto dentro del FMI, así como el acceso a unos 5.000 millones de dólares en Derechos Especiales de Giro (DEG), recursos que hasta ahora estaban fuera del alcance de Venezuela . Pero este regreso ocurre tras años de aislamiento internacional, opacidad estadística y políticas económicas que contribuyeron al colapso financiero del país.
Durante el chavismo, la relación con organismos multilaterales fue prácticamente desmantelada por razones ideológicas, dejando a Venezuela sin acceso a financiamiento y sin controles externos que garantizaran disciplina macroeconómica. Hoy, el mismo modelo político intenta presentarse como interlocutor confiable ante esas instituciones que antes desestimaba.
La designación de Ortega, un funcionario estrechamente vinculado al aparato económico del gobierno, tampoco sugiere una ruptura con las prácticas del pasado. Más bien refuerza la percepción de continuidad dentro de una élite que ha administrado la crisis durante años.
Aunque desde el BCV se insiste en que este paso permitirá “controlar la inflación” y atraer inversión, expertos han advertido que problemas estructurales como la falta de independencia del banco central y el uso político de la política monetaria siguen sin resolverse . Sin cambios institucionales de fondo, el acceso a nuevos recursos podría terminar repitiendo errores anteriores.
En este contexto, el regreso al FMI luce menos como una transformación del modelo económico y más como una necesidad forzada por la crisis. La incógnita clave sigue siendo si el chavismo está dispuesto a ceder control y adoptar reformas reales, o si simplemente busca oxígeno financiero sin alterar las bases del sistema que llevó al país a su situación actual.
