Un grupo de 24 organizaciones de la sociedad civil venezolana encendió una nueva señal de alerta sobre el futuro político del país al solicitar formalmente al secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, que acelere el proceso de transición democrática en Venezuela.
La petición, plasmada en una carta, refleja la creciente preocupación de distintos sectores ante el riesgo de que el proceso político se estanque en un momento que consideran decisivo. Los firmantes insisten en que el contexto actual representa una oportunidad única para impulsar cambios profundos que permitan dejar atrás años de crisis institucional, económica y social.
Más allá de un simple relevo en el poder, las organizaciones subrayan que la transición debe centrarse en la reconstrucción real del Estado. En ese sentido, proponen medidas concretas como la designación de un nuevo órgano electoral independiente y la creación de condiciones que garanticen elecciones libres y transparentes, elementos que consideran indispensables para recuperar la confianza ciudadana.
El documento también advierte sobre los riesgos de avanzar sin un rumbo claro. Por ello, los firmantes reclaman la definición de reglas precisas y un cronograma concreto que permita orientar el proceso político. A su juicio, la falta de tiempos definidos podría debilitar los avances logrados hasta ahora y aumentar la incertidumbre en la población.
Este llamado se produce en un escenario donde la comunidad internacional, y especialmente Estados Unidos, ha tenido un papel determinante en la dinámica política venezolana. Las organizaciones consideran que ese respaldo debe traducirse ahora en acciones más rápidas y eficaces que contribuyan a consolidar un cambio sostenible.
Entre los firmantes destacan el Comité Internacional Contra la Impunidad en Venezuela y el Movimiento Ciudadano de Venezolanos en el Mundo, junto a diversas asociaciones de migrantes, profesionales, jubilados y activistas de la diáspora, lo que evidencia que la preocupación trasciende fronteras.
La carta deja en claro que el desafío no es solo iniciar una transición, sino garantizar que esta desemboque en instituciones sólidas y en una verdadera apertura democrática. En juego no está únicamente el cambio político, sino la posibilidad de reconstruir un país que lleva años esperando estabilidad y reglas claras.
