En un pronunciamiento que complica los esfuerzos diplomáticos en el Líbano, Naim Qassem, secretario general de Hezbollah, afirmó este lunes que la organización no reconocerá las negociaciones directas entre el gobierno libanés e Israel. El clérigo fue enfático al señalar que los resultados de estos acercamientos carecen de validez para su movimiento, reafirmando además su negativa absoluta a deponer las armas, punto central de las exigencias de Tel Aviv.
El rechazo a la vía diplomática directa
Para la cúpula de Hezbollah, el proceso de diálogo mediado por Washington representa una «concesión innecesaria» que no garantiza beneficios para la soberanía libanesa. Qassem sostuvo que la organización mantendrá su capacidad operativa bajo el argumento de la «defensa del pueblo», ignorando cualquier acuerdo que no cuente con su respaldo o que implique su desmantelamiento militar.
«Continuaremos nuestra resistencia protectora», sentenció el líder chií, marcando una distancia definitiva frente a la hoja de ruta que intenta trazar el Ejecutivo libanés.
Un escenario de fragmentación política
La situación evidencia una profunda desconexión entre el Palacio de Gobierno y la realidad militar en el terreno: Mediación externa: Mientras el Gobierno participa en reuniones impulsadas por Estados Unidos, Hezbollah permanece al margen de la mesa de diálogo. Incumplimiento de treguas: Pese a los intentos por establecer un cese al fuego temporal hasta el mes de mayo, las hostilidades en la frontera son constantes, debilitando la credibilidad de los negociadores. El dilema del desarme: Israel condiciona la paz al fin de la estructura militar de Hezbollah, mientras que el Líbano exige la retirada de las tropas israelíes del sur del país antes de elevar el nivel de representación en las charlas.
Como alternativa al esquema actual, Qassem instó al Estado a buscar mecanismos indirectos de negociación con Israel y a priorizar un consenso nacional entre las diversas fuerzas políticas del Líbano. Asimismo, solicitó la revocación de las medidas que ilegalizan su actividad militar, una decisión tomada al inicio de las hostilidades actuales.
El panorama para el Líbano es incierto. Con un Ejército que no ha logrado ejecutar las órdenes de desarme emitidas el año pasado y una milicia que se aferra a su arsenal como única garantía de supervivencia política, la salida diplomática parece estar, por ahora, en un punto muerto.
