Los sismos del 24 de junio dejaron 6.509 fallecidos, más de 200.000 heridos y cerca de 20.000 personas sin hogar, según las cifras difundidas. Casi 200.000 niños y adolescentes quedaron fuera de las aulas.
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Cuatro meses después del doble terremoto que sacudió a Venezuela, la emergencia continúa lejos de terminar. Viviendas sin recuperar, escuelas inoperativas y miles de personas afectadas física y emocionalmente evidencian una crisis que se ha vuelto «mucho más larga y menos visible».
Así lo advirtió este jueves a EFE el sacerdote jesuita Jesús ‘Txuo’ Rodríguez Villarroel, director de la Fundación Unidos en la Misión, quien señaló que la recuperación no puede medirse únicamente por la ayuda distribuida, sino por las condiciones en las que siguen viviendo las comunidades afectadas.
Según las cifras oficiales, los sismos dejaron 6.509 fallecidos, 29.000 desaparecidos y más de 200.000 heridos. El desastre también afectó cerca de 400 escuelas, dejando a unos 200.000 niños, niñas y adolescentes fuera del sistema educativo.
Rodríguez Villarroel alertó que, sin una rehabilitación urgente de los centros educativos, muchos menores podrían no regresar a las aulas. La situación agrava una crisis previa en la que alrededor de 1,2 millones de niños ya estaban fuera de la escuela.
La red educativa Fe y Alegría, junto con la organización española Manos Unidas, desarrolla programas de educación en emergencia en 24 escuelas, con atención educativa y acompañamiento psicosocial para las familias.
El sacerdote destacó la solidaridad de los venezolanos durante las labores de rescate y asistencia, especialmente en La Guaira, una de las zonas más afectadas. Sin embargo, insistió en que todavía se necesitan recursos para recuperar viviendas, escuelas y medios de vida, además de garantizar atención psicológica a quienes enfrentan el duelo.
Finalmente, hizo un llamado a la comunidad internacional para canalizar ayuda a través de organizaciones presentes en el terreno y advirtió sobre el riesgo de que las víctimas queden en el olvido cuando desaparece el interés mediático.
Cuatro meses después, la emergencia sigue presente en las familias que aún intentan reconstruir sus vidas, mientras la recuperación necesita asistencia sostenida y no respuestas temporales.
