La nueva ofensiva de Diosdado Cabello contra el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa demuestra, una vez más, la intolerancia del chavismo frente a cualquier voz que cuestione su versión oficial de los hechos.
Durante la transmisión de su programa Con el Mazo Dando, la noche del miércoles 22 de julio, Cabello volvió a atacar al Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa y puso en duda su legitimidad, acusándolo de responder a supuestos intereses económicos y políticos. Sus declaraciones se produjeron después de que el gremio denunciara los constantes amedrentamientos, amenazas y obstáculos impuestos contra periodistas independientes e internacionales que cubrían la tragedia provocada por los terremotos del pasado 24 de junio en La Guaira.
Mientras los comunicadores se encontraban en las zonas afectadas recogiendo testimonios de familiares de víctimas y mostrando las denuncias sobre la falta de respuesta oficial en las labores de rescate, los cuerpos de seguridad del chavismo imponían restricciones y hostigamiento a quienes intentaban informar sobre la emergencia.
En lugar de responder a estas denuncias, Cabello decidió atacar al gremio periodístico. “Si hay un organismo desprestigiado en Venezuela, es el Sindicato Nacional de Periodistas”, afirmó, comparándolo incluso con la Organización de Estados Americanos.
El dirigente chavista también acusó a los periodistas de “defender la mentira” y calificó de “miserables” a quienes cuestionan el trato recibido por los trabajadores de la prensa. Además, insinuó que las posiciones del gremio y de los medios independientes “tienen precio” y que responden a intereses externos.
Pero la pregunta que queda sobre la mesa es otra. ¿Por qué el chavismo reacciona con tanta furia cada vez que los periodistas llegan a las zonas donde los ciudadanos denuncian abandono, falta de ayuda y ausencia de respuestas oficiales?
La libertad de prensa no depende de que Diosdado Cabello reconozca o no al Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa. Tampoco desaparece porque un funcionario ataque a los periodistas desde un programa de televisión. El derecho a informar y a denunciar es precisamente más necesario cuando el poder intenta controlar el relato y ocultar las consecuencias de una tragedia.
El Sntp responsabilizó a las altas vocerías del régimen por la persecución y el hostigamiento contra los trabajadores de la información. Y la denuncia es grave porque, cuando desde el poder se descalifica a los periodistas, se les acusa de mentir y se justifica el acoso de los cuerpos de seguridad, no se está defendiendo la verdad. Se está intentando intimidar a quienes tienen la responsabilidad de contar lo que ocurre en las calles.
En Venezuela, el problema no es que existan periodistas que hagan preguntas incómodas. El problema es que todavía haya un poder que pretenda decidir qué pueden ver, preguntar y contar los ciudadanos.
