Hay injusticias que no solo encarcelan cuerpos… también intentan apagar vidas, familias y esperanzas.
Pero hay dolores que el tiempo no logra borrar, porque la verdad sigue respirando entre los muros de una prisión injusta.
Rolando, Otoniel y Juan Guevara llevan más de 21 años privados de libertad en Venezuela.
Más de dos décadas separados de sus seres queridos, viendo pasar la vida detrás de rejas por un delito que, según organismos internacionales y defensores de derechos humanos, NO COMETIERON.
La Corte Interamericana de Derechos Humanos declaró responsable al Estado venezolano por violaciones a sus derechos humanos.
La ONU y la CIDH calificaron su detención como arbitraria y ordenaron su liberación inmediata. Aun así, continúan presos.
La Corte Interamericana de Derechos Humanos (CorteIDH) ordenó el 19 de enero al Estado venezolano liberar a tres expolicías y hermanos que fueron condenados en 2006 a prisión por el asesinato del fiscal Danilo Anderson, tras dictaminar que el proceso penal fue “fraudulento” y que los sospechosos fueron torturados y desaparecidos por varios días.
“Se ordena al Estado dejar inmediatamente en libertad a los señores Juan Bautista Guevara, Rolando Guevara Pérez y Otoniel Guevara Pérez. Asimismo, el Estado debe adoptar, en un plazo de seis meses (…) todas las medidas necesarias en el derecho interno para dejar sin efecto las consecuencias de cualquier índole que se derivan del proceso penal”, indica el fallo de la CorteIDH notificado a las partes.
El tribunal internacional estableció “la evidente nulidad del proceso” al que fueron sometidos las expolicías y, por consiguiente, la sentencia condenatoria que declaró su responsabilidad penal “por la existencia de graves vicios procesales y la configuración de la cosa juzgada fraudulenta”.
Rolando y Otoniel Guevara fueron sentenciados a 27 años de cárcel por el homicidio calificado con premeditación y alevosía, mientras que Juan Guevara fue condenado a 30 años de prisión por el mismo delito y además por porte ilícito de armas.
No hablamos solo de números o expedientes judiciales.
Hablamos de hermanos, de hijos, de seres humanos con salud deteriorada, con años robados, con familias que han resistido el dolor y el silencio. Rolando incluso fue incluido por la Misión de la ONU entre los presos que requieren atención médica urgente.
¿Cuánto sufrimiento más debe soportar una familia para que llegue la justicia?
¿Cuántos cumpleaños perdidos, abrazos ausentes y lágrimas calladas hacen falta para entender que nadie merece pasar una vida entera pagando por algo que no hizo?
Los hermanos Guevara no deberían pasar un minuto más en prisión, porque ningún gobierno tiene derecho a condenar la inocencia, porque el tiempo perdido jamás se recupera.
Y porque la libertad no debería ser un privilegio… sino un derecho humano.
Que Venezuela no los olvide.
Que sus nombres no se apaguen.
Y que la justicia llegue antes de que sea demasiado tarde.
