Mientras Venezuela sigue hundida entre el abandono, la impunidad y la destrucción social que dejó el chavismo durante más de dos décadas, ahora maquillada bajo el interinato de Delcy Rodríguez, todavía hay señales de dignidad que sobreviven entre los jóvenes que se niegan a normalizar el horror.
A los chamos del movimiento estudiantil de la Universidad Católica Andrés Bello se les hizo viral un video en Instagram que sacudió a miles de personas por la crudeza del caso y por el grito de justicia que representa. En un país donde el poder intenta imponer silencio, miedo y resignación, ver a estudiantes levantar la voz se convierte casi en un acto de rebeldía.
La tragedia venezolana no solo destruyó hospitales, salarios y familias. También intentó destruir la sensibilidad humana. El chavismo convirtió el dolor en rutina y la injusticia en costumbre. Por eso impacta tanto ver a una generación que decide no mirar hacia otro lado.
Los jóvenes de la UCAB entendieron algo que muchos dirigentes políticos olvidaron hace años. Cuando un caso atroz golpea a la sociedad, callar también es ser cómplice. Exigir justicia y reparación no debería ser heroico, pero en la Venezuela actual termina siendo un acto de valentía.
Cada vez más venezolanos comienzan a confiar en una generación que creció entre apagones, crisis, censura y desesperanza, pero que aun así conserva fuerza para reclamar un país distinto. Quizás allí siga viva la última reserva moral de una nación que el chavismo intentó pulverizar.
