Mientras millones de venezolanos sobreviven entre apagones, bajones eléctricos y electrodomésticos quemados, el ministro de Energía Eléctrica, Rolando Alcalá salió este 7 de mayo a asegurar que la crisis energética del país se debe a que “los venezolanos tienen mayores ingresos” y ahora compran más equipos eléctricos. Una afirmación que para muchos ciudadanos suena más a burla que a explicación oficial.
Según el funcionario del gobierno interino encabezado por Delcy Rodríguez, el aumento histórico de la demanda eléctrica hasta los 15.579 megavatios sería consecuencia del supuesto crecimiento económico, del auge comercial y del incremento de aparatos conectados en los hogares venezolanos.
Pero en las calles la realidad golpea distinto. En estados enteros del país los racionamientos siguen siendo diarios, los negocios trabajan a medias y las familias viven con miedo cada vez que se va la luz porque un simple bajón puede destruir en segundos lo poco que lograron comprar tras años de miseria.
El chavismo intenta vender la narrativa de una Venezuela “recuperada”, mientras el propio sistema eléctrico evidencia décadas de abandono, corrupción y destrucción institucional. El problema no nació con una ola de aires acondicionados ni con una supuesta bonanza económica. El colapso comenzó hace años, cuando miles de millones de dólares destinados al sistema eléctrico desaparecieron entre sobreprecios, obras inconclusas y una corrupción que dejó al país prácticamente a oscuras.
Especialistas y ciudadanos vienen denunciando que el Sistema Eléctrico Nacional opera al límite, sin mantenimiento suficiente y con una infraestructura devastada tras más de dos décadas de chavismo.
Hoy Venezuela paga las consecuencias de un modelo que destruyó industrias, expulsó millones de ciudadanos y convirtió a uno de los países más ricos de América Latina en una nación donde tener electricidad estable parece un privilegio.
Y mientras el gobierno habla de “récords de demanda”, los venezolanos siguen preguntándose algo mucho más simple y doloroso
Cómo un país con las mayores riquezas energéticas terminó viviendo entre velas, plantas eléctricas y oscuridad.
