Nueve meses muerto y su madre todavía lo buscaba. Así de cruel, así de descompuesta terminó Venezuela bajo las sombras del chavismo y ahora bajo el interinato de Delcy Rodríguez, donde el dolor de una madre vale menos que un papel firmado por burócratas sin alma.
Edmundo González denunció en sus redes una historia que sacude hasta al venezolano más indiferente. Carmen Teresa recorría oficinas, hospitales y cárceles preguntando por su hijo Víctor Hugo Quero, detenido el 3 de enero de 2025. Tocó puertas durante meses mientras el Estado callaba. Esperó respuestas que nunca llegaron. Lo que no sabía era que su hijo había muerto desde el 24 de julio de 2025 en el Hospital Militar Carlos Arvelo y que el régimen ya lo había enterrado sin siquiera avisarle.
La dictadura convirtió la desaparición en rutina y el silencio en política de Estado. A Carmen Teresa le negaron el derecho más básico de una madre saber dónde estaba su hijo, abrazarlo, despedirlo o llorarlo con dignidad. En la Venezuela destruida por el chavismo, los familiares no buscan justicia, buscan sobrevivir al horror diario de no saber si sus seres queridos siguen vivos.
Y mientras funcionarios hablan de “protocolos”, el país presencia cómo el aparato estatal se hunde en prácticas que recuerdan las etapas más oscuras de América Latina. Porque cuando un detenido desaparece, muere bajo custodia y luego es enterrado en secreto, ya no se trata de negligencia. Se trata de un sistema deshumanizado que perdió cualquier rastro de compasión.
La tragedia de Víctor Hugo Quero no es un caso aislado. Es el reflejo de una nación quebrada por años de abuso, persecución y miedo. Cada madre que hoy recorre morgues y tribunales buscando respuestas es también una prueba viva de la destrucción institucional que dejó el chavismo y que continúa profundizándose bajo el poder de Delcy Rodríguez.
Lo más devastador no es solo la muerte de Víctor Hugo. Es imaginar a Carmen Teresa esperando una llamada, aferrándose a la esperanza, mientras su hijo ya estaba enterrado. Ese es el nivel de crueldad que hoy consume a Venezuela.
Edmundo González aseguró que el país debe responder ante ella, ante todas las madres y ante la justicia. Porque los venezolanos merecen la verdad. Merecen saber cuántos más han desaparecido en el silencio de un régimen que convirtió el dolor humano en simple trámite burocrático
