La alcaldesa de Caracas, Carmen Meléndez, aseguró recientemente que el levantamiento de sanciones permitiría recuperar la calidad de vida de los venezolanos, insistiendo en que sin esas medidas el país podría mejorar salarios, servicios y condiciones sociales .
Su mensaje apunta directamente a factores externos como la causa principal de la crisis. Sin embargo, deja fuera una parte esencial de la historia que millones de venezolanos conocen de primera mano. El deterioro de los servicios públicos, la caída de la economía y el colapso institucional comenzaron mucho antes de que se aplicaran las sanciones internacionales.
Durante años, problemas como apagones constantes, hospitales en crisis y salarios insuficientes se fueron acumulando en medio de denuncias de corrupción y mala gestión. Aun así, el discurso oficial continúa centrado en responsabilizar a Estados Unidos, evitando profundizar en los errores internos que también han marcado el rumbo del país.
Para muchos ciudadanos, esta narrativa resulta incompleta. No niegan el impacto de las sanciones, pero cuestionan que se presenten como la única causa de una crisis que lleva más de una década gestándose.
Mientras se insiste en que todo mejorará si se levantan las sanciones, la realidad diaria sigue siendo otra. La gente enfrenta fallas eléctricas, servicios deteriorados y un costo de vida que no deja de subir. En ese contexto, culpar únicamente al exterior suena, para muchos, más a una excusa que a una explicación completa.
