Mientras en las pantallas de televisión nacional se ve a Delcy Rodríguez bailando, en la cárcel de Yare III la realidad es otra, mucho más cruda. Allí, varios reclusos han muerto en medio de un episodio que las autoridades intentan reducir a una simple “riña”.
La versión oficial habla de un enfrentamiento entre internos, como si se tratara de un hecho aislado. Pero para muchos venezolanos, esta explicación ya no convence. Las cárceles del país llevan años bajo condiciones de abandono, hacinamiento y violencia estructural que no surge de la nada, sino de un sistema que perdió el control o decidió ignorarlo, y donde las torturas a los presos siguen en aumento a pesar de la ley de amnistia «chucuta».
No es la primera vez que ocurre una tragedia en un centro penitenciario. Lo que sí vuelve a repetirse es el contraste: por un lado, el poder mostrando una imagen festiva y desconectada; por el otro, familias enteras esperando respuestas, justicia y al menos una explicación creíble sobre lo ocurrido.
Llamarlo “riña” simplifica una situación mucho más compleja. Detrás de cada muerto hay fallas graves en la administración del sistema penitenciario, falta de garantías mínimas y una cadena de responsabilidades que rara vez se asumen.
La pregunta que queda en el aire es incómoda pero necesaria, ¿hasta cuándo se seguirá normalizando lo que ocurre dentro de las cárceles venezolanas mientras desde el poder se proyecta una realidad completamente distinta?
Parece que nada ha cambiado, pues estas imagenes nos recuerdan a Nicolas maduro, mientras asesinaba a cientos de venezolanos en las manifestaciones, hoy Delcy no hace de nuevo, y baila en televisión naciobal mientras asesinaban a presos recluidos en Yare III.
