Una grave situación se registra en la morgue del Hospital Dr. Jesús María Casal Ramos, en las ciudades de Acarigua y Araure, donde la falta de operatividad del servicio forense está generando retrasos, gastos adicionales y un profundo sufrimiento para las familias.
El caso reciente de una familia que perdió a un ser querido en un arrollamiento evidencia la magnitud del problema. Los parientes no han podido completar el proceso legal correspondiente debido a que la morgue del hospital no está funcionando. Como única alternativa, se les exige trasladar el cuerpo hasta el Servicio Nacional de Medicina y Ciencias Forenses (Senamecf) en Píritu, lo que implica un costo cercano a los 200 dólares, una suma inalcanzable para muchos venezolanos.
Esta situación no solo retrasa los trámites funerarios, sino que también expone los cuerpos a condiciones inadecuadas, incrementando los riesgos sanitarios y profundizando el dolor de los familiares en medio del duelo.
La problemática no es nueva. Desde hace años, trabajadores y reportes periodísticos han denunciado que la morgue del principal hospital del cono norte de Portuguesa presenta fallas estructurales, falta de refrigeración y carencias de mantenimiento, lo que ha impedido la realización de autopsias de manera regular .
Más allá de una simple falla operativa, se trata de una situación que golpea directamente la dignidad humana. La imposibilidad de despedir a un ser querido en condiciones adecuadas refleja el deterioro del sistema de salud pública en regiones alejadas de los grandes centros urbanos.
En el estado Portuguesa, esa “Venezuela profunda” que rara vez ocupa titulares, la crisis se manifiesta con mayor crudeza: hospitales sin recursos, servicios colapsados y ciudadanos obligados a asumir costos que deberían ser garantizados por el Estado.
La realidad es clara, incluso en la muerte, la desigualdad y el abandono siguen marcando la vida de los venezolanos.
