Delcy Rodríguez estira el tiempo mientras Venezuela exige elecciones.
La cúpula del poder en Venezuela mueve sus fichas. Delcy Rodríguez gana tiempo, consolida control y prepara el terreno para legitimar su permanencia en el poder a través de unas elecciones que, según analistas, buscaría retrasar lo más posible.
Desde que asumió el mando el pasado 5 de enero, la dirigente chavista enfrenta una realidad innegable: un país devastado económicamente, con servicios colapsados y una población asfixiada por la crisis. Sin embargo, lejos de acelerar soluciones, la estrategia parece clara: esperar, reposicionarse y llegar fortalecida a las presidenciales.
El cálculo político es evidente. Mientras más tarde se convoquen los comicios, mayor margen tendrá para mejorar indicadores económicos, recuperar algo de popularidad y construir una candidatura sólida. Pero ese plan choca de frente con la presión de la oposición liderada por María Corina Machado, que exige elecciones inmediatas, y con factores internacionales como Donald Trump, que también condicionan los tiempos.
El analista Benigno Alarcón lo resume sin rodeos: el oficialismo empuja para retrasar, mientras el país presiona para decidir.
En medio de esta pulseada, surge otro elemento clave: la economía. Con una población que lleva más de cuatro años sin aumento del salario mínimo, el Gobierno podría apostar por medidas populistas para oxigenar su imagen. El consultor Tomás Socías asegura que se evalúa un incremento salarial significativo, financiado con ingresos fiscales y petroleros.
Pero la realidad golpea con fuerza. El 79% de los venezolanos considera que la situación económica es mala, y aunque algunos mantienen esperanzas de mejora, la mayoría exige elecciones ya.
El reloj corre, pero no al ritmo del ciudadano. Mientras Venezuela pide respuestas urgentes, el poder parece jugar a largo plazo.
