Lo que parecía un problema superado, hoy reaparece con fuerza en las estaciones de servicio, donde largas filas de vehículos evidencian una situación que golpea directamente la rutina de los ciudadanos.
Usuarios denuncian que las pocas bombas operativas comienzan a colapsar ante una afluencia creciente de conductores que, entre la incertidumbre y la necesidad, buscan abastecerse antes de que la escasez sea aún más crítica. La escena se repite, horas de espera, desorden y angustia.
Para los maracayeros, la realidad es otra, el regreso de una crisis que nunca terminó de irse, y que vuelve a poner en evidencia.
