Una vez más, los venezolanos se encuentran indignados ante la descarada y abusiva forma de celebrar los carnavales en la piscina natural de Los Juanes, en el parque nacional Morrocoy, vemos que cada vez son más intensas las fiestas, el desenfreno, y la decadencia moral, muchas personas han publicado por redes sociales, que personas allegadas al chavismo en su mayoría, son los más fuertes depredadores que estarían acabando con el ecosistema ya bastante frágil tras años de desidia gubernamental.
Venezolanos y lugareños están cansados de que a gente rodeada al Chavismo en su mayoría se les permita estar como en tierra sin ley, en este caso como cayo sin ley. En medio del ambiente festivo que suele rodear a Los Juanes, dentro del Parque Nacional Morrocoy, no solo se ha cuestionado el impacto ambiental, sino también ciertas dinámicas sociales que se repiten cada temporada.
Muchos visitantes comentan que, más allá del turismo tradicional, se observa la presencia de jóvenes que asisten con la intención de relacionarse con hombres de alto poder adquisitivo, en busca de apoyo económico, viajes o “patrocinios”. Los rumores son bastante turbios.
Es un secreto a voces que en estos escenarios exclusivos se mezclan fiesta, ostentación y acuerdos informales que van más allá de una simple jornada de playa. Sin caer en señalamientos personales, lo que se percibe es que el lugar, que debería ser un espacio natural protegido, termina convertido en vitrina social donde algunos exhiben lanchas, dinero y lujos, mientras otras aprovechan la ocasión para establecer vínculos interesados.
Así, el parque no solo sufre por la contaminación ambiental, sino también por la transformación de su esencia: de santuario natural a escenario de exhibición y conveniencia.
Lo que ocurrió en Los Juanes, dentro del Parque Nacional Morrocoy, durante estos carnavales no es una simple “celebración fuera de control”: es un atentado directo contra un parque nacional protegido y contra el patrimonio natural de todos los venezolanos.
En un ecosistema frágil, rodeado de manglares y vida marina vulnerable, grupos de visitantes —muchos vinculados a sectores de poder o con alto poder adquisitivo— convirtieron una piscina natural en una discoteca flotante, arrojando espuma química al mar como si se tratara de una tarima privada. No es solo irresponsabilidad: es arrogancia ambiental.
La espuma de carnaval no pertenece al agua salada ni a un área bajo régimen especial de protección. Cada litro vertido representa contaminación, alteración del equilibrio marino y desprecio por normas que, en teoría, deberían ser estrictas. Mientras al ciudadano común se le imponen reglas y restricciones, pareciera que para ciertos grupos el parque es un club exclusivo sin ley.
Pero la la falta de educación, buen llamada marginalidad también está presente, y así lo publicó el usuario en X, @Rietegobierno.
Por: DAMYS SANTANDER
