La representante de la Asamblea Nacional electa en 2015 defendió la mesa de diálogo impulsada bajo la administración de Donald Trump y la dirección del secretario de Estado, Marco Rubio, en medio de los cuestionamientos de María Corina Machado por haber sido excluida de las conversaciones sobre el futuro político de Venezuela.
REDACCIÓN BITÁCORA58.COM
La tercera etapa de las negociaciones sobre Venezuela continúa generando controversia, no solo por la exclusión denunciada por la líder democrática María Corina Machado, sino también por la manera en que algunos representantes de la oposición justifican el funcionamiento de una mesa de diálogo que se desarrolla bajo la influencia directa de la administración estadounidense de Donald Trump y del secretario de Estado, Marco Rubio.
En este contexto, Dinorah Figuera dejó una impresión de arrogancia y excesiva seguridad al responder sobre el mecanismo de participación en las negociaciones, insistiendo en que la invitación está abierta a todos los partidos y sectores políticos venezolanos, en consonancia con los planteamientos transmitidos por Washington.
«El que quiera participar en esta mesa de diálogo está invitado a participar, cualquiera», afirmó Figuera, quien reiteró que las conversaciones no están limitadas a determinadas organizaciones políticas. También anunció la incorporación de otros sectores sociales, entre ellos trabajadores de la salud, jubilados, pensionados y jóvenes.
Sin embargo, más allá de sus declaraciones sobre la amplitud de la convocatoria, el episodio deja una interrogante política de fondo, ¿hasta qué punto esta mesa representa una iniciativa autónoma de los venezolanos o responde a una estrategia definida desde Washington?
Bajo la dirección de Trump y Marco Rubio
Figuera dejó claro que el proceso cuenta con el respaldo del Departamento de Estado estadounidense, bajo la dirección de Marco Rubio, dentro de la administración de Donald Trump. Su insistencia en que todos los sectores están invitados refuerza la percepción de que la dinámica de estas conversaciones está estrechamente vinculada a las decisiones y orientaciones de la diplomacia estadounidense.
Desde una perspectiva crítica, resulta cuestionable que quienes participan en estas negociaciones se limiten a defender la apertura de la convocatoria sin ofrecer respuestas contundentes sobre las garantías políticas, la representatividad de los interlocutores y las condiciones concretas para restablecer la democracia en Venezuela.
La invitación abierta, por sí sola, no garantiza que todos los actores tengan la misma capacidad de influencia ni que sus demandas sean incorporadas efectivamente a los acuerdos.
María Corina Machado, la gran interrogante
Las declaraciones de Figuera se producen después de que María Corina Machado denunciara que Estados Unidos la dejó fuera de las negociaciones que se desarrollan en Caracas entre representantes del Gobierno encabezado por Delcy Rodríguez y un sector de la oposición.
En una entrevista con The New York Times, realizada en Panamá, Machado cuestionó que Washington no la haya incorporado a las conversaciones que podrían influir decisivamente en el futuro político venezolano.
La denuncia plantea una contradicción difícil de ignorar, mientras se habla de una mesa abierta a todos los sectores, la principal figura de la oposición democrática asegura haber sido excluida de las conversaciones.
Ante este escenario, la respuesta de Figuera no despeja por completo las dudas. Repetir que todos están invitados no equivale a explicar por qué Machado denuncia que no ha sido incluida, qué mecanismos existen para garantizar su participación ni quién tiene la última palabra en las decisiones de la mesa.
Promesas de habilitación sin garantías concretas
Sobre la posibilidad de que Machado y otros dirigentes inhabilitados puedan regresar a la actividad política y participar en futuros procesos electorales, Figuera aseguró que la mesa de diálogo contempla las habilitaciones, aunque precisó que su ejecución corresponde a las instancias competentes.
«Todos las personas que han sido inhabilitadas injustamente deben gozar con la libertad de participar en un proceso electoral», sostuvo.
La afirmación es políticamente relevante, pero también abre otra interrogante, ¿qué garantías concretas existen para que esas palabras se traduzcan en hechos? Venezuela acumula años de cuestionamientos sobre las inhabilitaciones políticas y las condiciones de competencia electoral, por lo que las declaraciones generales no sustituyen compromisos verificables.
Una oposición obligada a responder ante los venezolanos
El tono con el que Figuera defendió el proceso puede interpretarse como una muestra de confianza en el respaldo de Washington. Sin embargo, esa seguridad contrasta con las dudas que persisten sobre la inclusión de los principales liderazgos democráticos y la transparencia de las negociaciones.
La pregunta central no es simplemente quién recibe una invitación para sentarse a la mesa, sino quién decide el rumbo de las negociaciones, qué compromisos se están discutiendo y si el proceso conducirá a garantías democráticas REALES.
Mientras Figuera defiende la apertura del diálogo, la denuncia de Machado mantiene vigente una preocupación fundamental, que las negociaciones sobre el futuro de Venezuela no terminen convirtiéndose en un proceso en el que se habla de inclusión, pero se deja fuera a actores esenciales de la voluntad democrática expresada por los venezolanos.
