Bitácora58News | La crisis del sistema eléctrico venezolano continúa generando preocupación entre trabajadores del sector y ciudadanos que padecen interrupciones recurrentes del servicio. Desde el estado Bolívar, una de las principales zonas generadoras de energía del país, Carlos Reyes, trabajador jubilado y miembro del Sindicato Eléctrico del Estado Bolívar (Suteeb), volvió a denunciar las condiciones en las que se encuentra la industria eléctrica y dirigió un mensaje al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y al secretario de Estado, Marco Rubio.
Reyes ha mantenido durante los últimos meses una posición crítica frente al deterioro de la infraestructura eléctrica venezolana y ha advertido que la situación requiere atención urgente, especialmente en las áreas de generación y distribución.
El dirigente sindical sostiene que el deterioro del sistema no es un problema reciente ni limitado a los apagones que experimentan diariamente los usuarios. A su juicio, detrás de las fallas existe un proceso prolongado de falta de mantenimiento, equipos fuera de servicio, dificultades operativas y deterioro de la infraestructura que compromete la capacidad del Sistema Eléctrico Nacional.
En junio de 2026, Reyes manifestó públicamente su preocupación por el futuro del sector ante la reforma de la Ley del Sistema y Servicio Eléctrico que discutía la Asamblea Nacional. En esa oportunidad denunció que los trabajadores activos y jubilados estaban siendo excluidos del debate sobre el futuro de la industria.
“Vemos con preocupación ese debate, porque los trabajadores estamos excluidos en esas discusiones”, señaló entonces Reyes, quien además cuestionó las condiciones en las que quedarían los trabajadores ante una eventual participación privada en el sector.
Un sistema que pierde capacidad
Las advertencias del sindicalista se producen desde una región estratégica para el suministro eléctrico venezolano. En Bolívar se encuentra el complejo hidroeléctrico del Bajo Caroní, incluido el embalse y la Central Hidroeléctrica Simón Bolívar, conocida como Guri, una de las principales fuentes de generación del país.
La situación de Guri volvió a generar preocupación en septiembre de 2026, luego de que se reportara la salida abrupta de la unidad 17 de la central hidroeléctrica. De acuerdo con información publicada por El Pitazo, esa unidad representa aproximadamente 770 megavatios de generación, mientras que estimaciones citadas por el medio ubicaban en hasta 1.200 megavatios la pérdida potencial al considerar otras centrales del Bajo Caroní.
El impacto de estas fallas trasciende a Bolívar. Cuando una unidad de gran capacidad queda fuera de servicio, el déficit debe ser compensado por otras fuentes de generación o mediante restricciones de la demanda, aumentando la presión sobre un sistema que ya opera con dificultades.
El Pitazo reportó además que ciudadanos de distintas zonas denunciaban interrupciones de entre seis y ocho horas diarias, mientras trabajadores consultados por el medio describían un ambiente de hermetismo dentro de Guri tras la falla de la unidad 17.
Reyes, consultado entonces por ese medio, afirmó que dentro de la central hidroeléctrica se habían reforzado los controles y cuestionó que, pese a la importancia de la avería, no se observaran señales claras de una reparación inmediata.
La preocupación de los trabajadores
Para Reyes, el problema no puede reducirse a una discusión sobre tarifas o a la administración de las empresas eléctricas. La recuperación del sistema también implica atender a los trabajadores que conocen directamente las condiciones de las instalaciones.
En junio, el dirigente sindical sostuvo que las primeras inversiones deberían concentrarse en generación y distribución, sectores que calificó como destruidos.
La advertencia adquiere especial relevancia porque la crisis eléctrica afecta prácticamente todos los ámbitos de la vida nacional. Los apagones impactan a hogares, comercios, hospitales, industrias, sistemas de bombeo de agua, telecomunicaciones y transporte, además de generar pérdidas económicas para quienes dependen de un suministro estable.
La falta de continuidad eléctrica también obliga a numerosas familias y empresas a recurrir a plantas eléctricas, baterías, inversores y otros mecanismos de respaldo, incrementando los costos para mantener actividades básicas.
Un mensaje dirigido a Trump y Rubio
En medio de este escenario, Carlos Reyes decidió dirigir su mensaje al presidente estadounidense Donald Trump y al secretario de Estado Marco Rubio, colocando la crisis del sistema eléctrico venezolano dentro de la discusión sobre el futuro del país.
Su planteamiento busca llamar la atención sobre una infraestructura que, según sus denuncias y las de otros trabajadores del sector, necesita una recuperación profunda después de años de deterioro.
El mensaje de Reyes parte de una premisa central: Venezuela no puede recuperar plenamente su capacidad productiva sin resolver primero los problemas de sus servicios públicos y, particularmente, del sistema eléctrico.
La situación de Bolívar resulta especialmente significativa porque la región alberga buena parte de la infraestructura hidroeléctrica fundamental para el suministro nacional. Sin embargo, la existencia de grandes centrales no garantiza por sí misma un servicio estable si las unidades de generación, las líneas de transmisión, las subestaciones y las redes de distribución no reciben mantenimiento adecuado.
El costo de vivir entre apagones
Para millones de venezolanos, la crisis eléctrica dejó de ser una eventualidad para convertirse en parte de la rutina.
La interrupción del servicio afecta desde la conservación de alimentos hasta el acceso a internet, el funcionamiento de equipos médicos y la posibilidad de trabajar o estudiar desde los hogares. En sectores comerciales e industriales, cada interrupción puede traducirse además en pérdidas de mercancía, paralización de operaciones y daños en equipos.
En las regiones más afectadas, los ciudadanos también enfrentan dificultades adicionales cuando los cortes eléctricos coinciden con fallas en el suministro de agua, debido a la dependencia de los sistemas de bombeo de la energía eléctrica.
Esta realidad ha generado un creciente reclamo por mayor transparencia sobre las causas de las fallas, los planes de mantenimiento y las inversiones destinadas a recuperar la infraestructura.
El futuro del sistema eléctrico
La discusión sobre el futuro del sector también tomó fuerza en 2026 debido a la reforma de la legislación eléctrica. Según lo reportado por El Pitazo, la reforma aprobada en primera discusión contemplaba la posibilidad de que empresas con capital completamente privado pudieran participar como operadores y prestadores del servicio en áreas de generación, transmisión, distribución y comercialización mediante concesiones de hasta 25 años.
Ante ese escenario, Reyes reclamó que los trabajadores sean incorporados a las discusiones y que se defina qué ocurrirá con los empleados activos y jubilados.
La preocupación sindical se suma así al debate más amplio sobre cómo financiar y ejecutar la recuperación de un sistema que requiere inversiones de gran escala.
Mientras tanto, los usuarios continúan enfrentando las consecuencias de un servicio irregular.
Desde Bolívar, Reyes insiste en que el problema debe ser atendido como una emergencia nacional y no únicamente como una sucesión de fallas locales.
Su mensaje dirigido a Trump y Rubio busca poner el deterioro del sistema eléctrico venezolano sobre la mesa internacional y advertir que cualquier proceso de recuperación del país tendrá que considerar la situación de una infraestructura energética que durante años ha sido señalada por trabajadores y especialistas por sus problemas de mantenimiento, generación y distribución.
La pregunta que queda planteada es cómo recuperar un sistema que alguna vez fue considerado estratégico para el desarrollo industrial de Venezuela y que hoy mantiene a millones de ciudadanos pendientes de cuándo llegará el próximo apagón.
