El polémico acuerdo petrolero entre Estados Unidos y el gobierno interino de Delcy Rodríguez comienza a generar un fuerte costo político para la administración de Donald Trump, mientras el empresario venezolano Alejandro Betancourt aparece cada vez más en el centro de las decisiones sobre el futuro energético de Venezuela.
Por bitacora58.com
El periodista español David Alandete, corresponsal en Washington, ha advertido que el pacto petrolero se está convirtiendo en uno de los principales frentes de tensión política para la Casa Blanca. Según su análisis, el acuerdo podría pasar factura en las elecciones legislativas de Estados Unidos, especialmente ante el malestar que existe entre sectores de la comunidad venezolana y otros votantes hispanos.
Alandete también ha señalado que la incorporación de Betancourt al acuerdo comienza a romper el tradicional consenso bipartidista que existía en Washington alrededor de la transición democrática venezolana. El congresista demócrata Raja Krishnamoorthi ya pidió explicaciones a la Casa Blanca sobre el negocio y solicitó conocer posibles beneficios para Trump, su familia, aliados, donantes o socios.
La situación coloca a Trump frente a un escenario incómodo. Mientras la Casa Blanca intenta defender el acuerdo energético, las dudas sobre su transparencia, las condiciones del contrato y el papel de Betancourt han abierto un nuevo flanco político.
El empresario venezolano se ha convertido en una pieza fundamental del nuevo esquema petrolero. Reportes de Reuters, The Washington Post y EL PAÍS señalan que su compañía North American Blue Energy Partners quedó en el centro del acuerdo y que Washington considera a Betancourt un operador con capacidad para mover el complejo negocio petrolero venezolano.
Pero el protagonismo de Betancourt también está provocando cuestionamientos debido a investigaciones que han existido en España y Suiza. Aunque no ha sido condenado ni acusado formalmente en Estados Unidos, su pasado empresarial se ha convertido en uno de los principales puntos de presión contra la operación.
El problema para Trump es que el nombre de Betancourt comienza a aparecer casi con tanta fuerza como el suyo cuando se habla de la nueva política petrolera estadounidense en Venezuela. El empresario pasó de ser una figura poco conocida para el gran público a convertirse en uno de los principales intermediarios entre Washington y Caracas.
Mientras tanto, la Casa Blanca parece haber entendido el costo político del acuerdo. Alandete informó que la administración Trump busca que María Corina Machado vuelva a Washington antes de su regreso a Venezuela, en un intento por mostrar cercanía con la oposición democrática venezolana y contener el impacto político que ha generado el pacto petrolero.
El contraste resulta evidente. Por un lado, Washington defiende su alianza energética con Delcy Rodríguez y respalda el esquema petrolero. Por otro, necesita recuperar el vínculo con la oposición venezolana y especialmente con Machado, cuya posición crítica frente al acuerdo ha ganado relevancia.
El pacto que debía convertirse en una gran victoria estratégica para Trump comienza así a transformarse en un complicado tablero político. Y en medio de esa disputa, Alejandro Betancourt emerge como una de las figuras más poderosas y controvertidas del nuevo negocio petrolero venezolano.
